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jueves, 18 de febrero de 2016

"Se te ha adjudicado cierto papel en este sueño. Has de interpretarlo sin temor alguno por las consecuencias. Lo único que puedes hacer es interpretar tu papel lo mejor que puedas. Las consecuencias no están en tus manos" 

(Krishna a Arjuna en el Bhagavad Gita)


Esta semana,  Codorníu ha disfrutado del espejismo de la vida y se ha dejado llevar en volandas, con el pretexto de festejar cumpleaños seguidos. Cuando entré al local, me coloqué a su lado; hablaba por los codos y no me reconoció. No hube de esperar mucho: mientras dábamos vueltas con los pasodobles del acordeonista, aproveché para susurrarle al oído. En teoría, sabe de qué va todo este lío; pero únicamente saldrá del laberinto cuando se vuelque cien por cien en la práctica como si le fuera la vida en ello. 

"En ningún momento deberías olvidar que estás soñando", le transmití aprovechando que su frente y la mía se rozaron. "Te falta tomar conciencia de que eres el soñador único, el autor impersonal del sueño; el que hace que sus personajes actúen fuera, en lo externo"

Ellos, los personajes, son un símbolo de lo que hay en el inconsciente global.  Si Codorníu tiene presente esto, también accederá a la convicción de que está soñando. Entonces sabrá que ahí fuera no hay nada más que una proyección de la mente. 

"Tienes miedo de las ilusiones, porque no eres consciente de que has sido tú mismo quien las inventó. Lo que mantiene vivo el miedo es que no ves que eres el autor del sueño y no una de sus figuras, como crees".

Esto último se lo dejé caer, en un aparte, mientras esperábamos los abrigos junto al mostrador del guardarropa. El tiempo que permaneció clavado allí, de espaldas, acodado como una estatua, me hace albergar esperanzas de que alguna palabra llegara a tiempo de colarse en el bosque profundo.