Todas las imágenes de este blog han sido encontradas en internet. Serán retiradas de inmediato si su autor así me lo requiere.

sábado, 15 de agosto de 2015

Este espejo roto no reflejará más;
la flor caída no volverá a la rama.
                                      Zenrin.

Al salir del portal, Codorníu se acopla a las sombras de la pared camino de los cubos de basura de esta localidad crispada. Un calabobos de nostalgia peina la melena cónica de una bombilla del alumbrado municipal, rubia por más señas. 

Pero no está la noche para prestar atención a detalles tan literarios; tampoco a la burda oscuridad cribada de jadeos, que escapan de los coches montados sobre la acera que circunda el parque.

En la esquina hay tertulias de bolsas de basura abandonadas al pie de una farola, esta vez de luz blanca. Codorníu deja la suya y escucha el restallar proveniente de los nudos retorcidos en la boca de su estómago. El dolor le dice que ha malgastado la salud a causa del Havana con limón. Aprovecho para que se fije en mí. Para que vea que ese dolor no es él; que es más bien una oportunidad de oro para descubrir el sentido de estar presente.

Hoy no he sabido soñarle un despertar, aunque sigo pegada a sus sentidos. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Por el momento necesita agotar su ego, desplegando un esfuerzo enorme para comprender verdaderamente que nunca es la persona la que se libera, sino que se libera uno de la persona. Esto se lo repito mucho.

Seguir buscando, dando palos de ciego, es inevitable. La certeza de existir, a pesar de encontrarse ante sus narices, está oculta por esa sed de ser que no para de perseguir molinos. La unión conmigo llegará de forma espontánea, sin necesidad de ninguna tarea hercúlea. Precisamente, cuando ya esté rendido, cuando se haga a un lado, cuando se aparte.