Todas las imágenes de este blog han sido encontradas en internet. Serán retiradas de inmediato si su autor así me lo requiere.

sábado, 5 de marzo de 2016

No hay nadie más ahí fuera, porque no hay ningún "ahí fuera".

Durante los siguientes días, el sueño de Codorníu viaja por el azul del cielo siguiendo la estela de las nubes blancas... 

Sin embargo, gracias a los preliminares de las décadas pasadas, el engaño de estar ante una "sólida realidad" se va diluyendo... Poco a poco, el charco de temores de toda una vida ya no parece un océano difícil de evaporar.

A pesar de que por el día sus ojos están abiertos, Codorníu intuye que no está viendo con los ojos del cuerpo; que siempre es la mente la que ve, la que oye, siente y pone en marcha los personajes y escenarios cotidianos...

Es más que probable, según me comentó junto al guardarropa, que lo que parece estar fuera, sea tan solo una película proyectada en la mente por ella misma y para ella misma. Y, como todo lo demás (que aparenta llegar desde el exterior), el cuerpo mismo tan solo se trate de una experiencia mental y no física.  

No necesité ponerme ante un espejo para saber que mis ojos brillaban de alegría. Es algo muy difícil de admitir, acerté a decirle aquella noche, en medio de la emoción. 

Sí. Quien nos oiga nos tomará por locos, dijo soltando una sonora carcajada, como si le importase un pimiento. Es complicado de ver, porque es la mente la que está viendo sus propias imágenes, incluido el personaje que crees ser... Y concluyó: ¡Toda una puesta en escena de la más fina realidad virtual!  

Al despedirnos, intuí que a Codorníu no le vendría mal un poco de calma. En ocasiones sus zancadas "espirituales" me daban vértigo. Por eso deslicé en su mente una anécdota: las palabras que la hija de una amiga le decía a esta de pequeña... "Mami, yo no lloro, porque solo es un cuento"...